Un fenómeno que no se detiene, importantes radioemisoras dejaron de transmitir en la onda corta

Por Claudio Morales





Radio Nacional de Noruega (NRK), Radio Dinamarca y Radio TV Irlanda (RTE) apagaron sus potentes transmisores. De ahora en más se concentrarán en las emisiones vía satélite y por Internet. Una tecnología que se resiste a morir a pesar de las nuevas tecnologías. Kol Israel está en peligro.
  
Los últimos meses del año 2003 confirmaron que la onda corta no figura en la agenda política de numerosos estados del planeta. Frente a la otrora importancia de la radio transmitida a enormes distancias del globo según el modo de onda corta, con el surgimiento arrollador de la tecnología satelital en materia de radiodifusión a finales de los años 70 y la posterior aparición de la Internet sobre los años 90, las emisiones internacionales por ondas cortas fueron cediendo en forma paulatina frente a la demoledora acción de los cambios. 

Sin importar el pensamiento de las audiencias ubicadas en la periferia del planeta y desconociendo el airado reclamo de una especie en extinción, la de los más fanáticos escuchas de radio conocidos como "diexistas", numerosas estaciones de radio de carácter internacional iniciaron el proceso de desguace del vetusto sistema de transmisión actual. Entre las nuevas víctimas figuran las importantes radioemisoras nacionales de Noruega y Dinamarca, que decidieron callar sus potentes emisores. Así, las populares emisiones de la NRK-Radio Nacional de Noruega y de Radio Dinamarca pasarán a engrosar el álbum de los recuerdos.

Radio Televisión de Irlanda (RTI), con emisiones a través de los potentes equipos de transmisión de la empresa Merlín Comunicaciones, también cesó en sus actividades sin conocerse una resolución oficial sobre el cierre en una muestra de ausencia de interés de parte de las autoridades irlandesas en materia de radio y la falta de respeto hacia los radioescuchas. A la lista también se agregó la estación Voz del Mediterráneo, con programas emitidos desde la isla de Malta. Y esta nómina pareciera completarse con las emisiones en lengua española de Radio Damasco, aunque la falta de una confirmación oficial deja en la incertidumbre de no conocer el futuro de la emisora siria. En su lugar, pueden escucharse programas en lengua árabe. Todo un síntoma del desalojo de la lengua de Cervantes de la agenda del servicio exterior de la radio de Siria.

Mientras Kol Israel, la emisora pública israelí, ha logrado conservar sus emisiones en español, el futuro del servicio exterior de la radio israelí aparece plagado de nubes de tormenta frente a la dramática carencia de fondos presupuestarios de un gobierno volcado plenamente hacia el plano militar, en el marco de una economía seriamente empobrecida que sólo parece mantenerse en pie gracias a la generosa estadía de capitales procedentes desde los Estados Unidos. Muy diferente parece ser el futuro de la radio internacional de China, cuya emisora anclada en Beijing estaría muy avanzada en el incremento de horas de emisión en lengua española. Un espejismo en medio de un océano encrespado que parece imposible de ser contenido. 

En esas condiciones, los entusiastas seguidores de las ondas cortas deberán replantearse la actividad bajo el riesgo de perecer en el intento. No se pueden revertir los cambios tecnológicos, como tampoco se trata de congelar los nuevos usos y costumbres de las personas con sus medios de comunicación. Ni siquiera se puede pensar en detener los hábitos de consumo cultural, que en el nuevo milenio adquieren significaciones diametralmente opuestas a los de décadas pasadas. Pero, sí es posible asimilar las novedades negativas con un sentido positivo. Se abre un abanico de posibilidades totalmente inusitado tiempo atrás tras la retirada en el dial de frecuencias y espacios que antaño ocupaban medios que hoy sólo viven en la memoria y en el corazón de los amantes de la afición y los radioescuchas.

Sólo será cuestión de explorar las reales potencialidades de la onda corta, las emisoras regionales y las nacionales esparcidas a lo largo y a lo ancho de la periferia del planeta: el Tercer Mundo. Y mirar a Internet como una nueva alternativa para escuchar a las emisoras que alguna vez transmitieron por onda corta o como una nueva fuente de posibilidades de sintonizar aquellas estaciones de radio, que de otro modo nadie podría captar en su domicilio.

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